domingo, 8 de julio de 2012

Nunca regales flores



En nuestro bello y occidental imaginario, tenemos la costumbre de regalar flores en eventos y situaciones especiales. Rosas, claveles, tulipanes, nubes, gardenias, etcétera, la lista puede ser interminable y deben de existir un sin fin de combinaciones en las que podamos hacer relucir la belleza de las flores.

El proceso más o menos es el siguiente, una flor comienza a crecer de una semilla, es joven e inocente, poco a poco comienza a despertar a la vida tomando la fresca agua y el cálido sol, se hace hermosa, una pequeñuela que, de pronto, es cortada brutalmente y puesta directamente al agua para placer humano.

La analogía puede bien equipararse a los sacrificios aztecas, donde una doncella hermosa en la más plena edad de su vida, le es arrancado el corazón de tajo para deleite de los dioses. ¿Quién dice que hemos dejado de ser tan poco civilizados?

Ahora bien, después de tener un ser vivo agonizante junto a otros de su clase, enrollados en un cursi papel, son regalados como muestra de afecto. ¿Afecto?, sólo sociedades bárbaras  regalarían algo muerto para mostrar afecto, como cuando tu gato te lleva animales muertos, o los antiguos vikingos llevaban cabezas a sus líderes.

Por esa razón, (por lo menos a mí) nunca regalen flores, aunque bueno, la mayoría de las mujeres destilan cursilería y falta de sesos para darse cuenta del significado profundo de esta habitual práctica.

Aprovechando que es el día en el que @Plak13 cumple años, y que las cervezas son las flores de los hombres, y que esas sí deben estar muertas para que sepan bien. Pues nada. Felicidades y gracias por tanto tiempo de lectura invertido.