No los voy a sermonear, pero sí... poquito pues. Después de que salí de la Universidad se veía un hermoso panorama para los egresados, en pleno 2009 lo que se esperaría de una generación es que se desarrollara intelectual y vocacionalmente para hacer de su vida algo pleno, funcional y completamente desapegado a los clichés de principios de siglo.
Obvio no. Eso sólo está pasando para algunos. Los demás están haciendo justamente lo que no se esperaba de ellos, lo que, más bien, las grandes mentes no esperaban de ellos, pero lo que sus familias sí esperaban de ellos, no es que sus familias no sean grandes mentes pero... Voy a dejar este punto porque me siento en arenas movedizas.
El punto es que muchos se están casando, y no es que eso sea malo. No es que sea malo que jures ante un Dios, de dudosa existencia, que amarás a una persona que conociste, en el mejor de los casos, hace 5 años atrás y que tus ojos, tus hormonas, tu calentura y tu libertad estarán comprometidas a esa persona, por la misma cantidad de años y más, de la que tus piecitos han estado caminando en la tierra, o sea el resto de tu vida. ¡En qué cabeza plurineuronal cabe eso!
Si amas a alguien no necesitas casarte con la parafernalia religiosa que, para el mejor de los casos, te sale costando 200,000 pesos. Dinero que pudiste aprovechar para un paradisíaco viaje a Fiji, o para dar el enganche de una casa, o para la universidad de tus futuros vástagos. Un show donde el tiempo que pasas es con tus amigos, haciéndola de muertito, o recolectando billetes, o bailando el baile del biper y todo ese tiempo el hombre o mujer de tu vida está tan lejos de ti y visceversa que termina siendo una celebración que es para todos, menos para ustedes.
Hoy me encontré en mi facebook con más fotos de bodas, a la mayoría de las parejas le doy 5 años, y no estoy siendo negativa, es que... cómo puedes saber que alguien es el amor de tu vida cuando apenas llevas un tercio de ella vivida, y de ese tercio la mita eras un escuincle con dientes de leche. Cómo procrear criaturitas y no pensar que en 10 años ya no vivirás con esas pequeñas cositas con tu sangre.
¿Me escucho amargadísima o idealista? Sólo creo que comprometerte en una ceremonia espiritual va más allá de comprar un vestido blanco y un liguero para la ocasión. Creo que un compromiso así, sólo puede existir cuando tienes la plena seguridad de que nadie será mejor que esa persona, no simplemente porque a los 30 ya no es una buena edad, o porque te clavaste, o porque se te va el tren. ¿Saben? Charles Chaplin (mi gran ídolo y ejemplo de humanidad) se casó 4 veces, también se dejaba llevar por sus hormonas, pero encontró al amor de su vida, su alma gemela, la mujer de sus sueños cuando tenía más de 50 años y ella contaba con apenas 18 y se casó, y vivió feliz, pero feliz bien, como en las historias de Disney.
Eso nos dice que no está mal casarse, lo malo es casarse con la persona equivocada con tanta convicción y que cuando estés a la mitad de tu vida llegue alguien a romper como un mar enfurecido lo que creíste, que te des cuenta la pérdida de esfuerzos que fueron esos matrimonios, de los cuales habrá que rescatar lo bueno, pero seguramente las heridas seguirán doliendo. ¿Habrá que aventarse al vacío (con todo y cartera)?
No sé, ustedes síganse casando, síganse divorciando, total es su vida, su corazón roto, sus patadas de ahogado, sus amores de su vida en este momento, aunque mañana quién sabe.
Ahí va la parte azotada: La gran parte de mis crushes de toda la vida, (secundaria, prepa, universidad, vida) ya dieron el anillo. Pffff.
Allá va la parte buena: ¡Soy libre! Y ustedes, no, ¡zoquetes!
Cuando me case y me divorcie en el futuro tienen el derecho de restregarme este post, mientras tanto: I'm single, bitch!
viernes, 29 de marzo de 2013
viernes, 1 de marzo de 2013
El Claustro
Ése era el nombre de mi antiguo blog (que para ser exacta es este mismo blog) que antes de ser este blog era un space, esa cosa linda que fue el precursor de las bitácoras, (igual y no el precursor, pero sí el más accesible), ese space se llamaba El Claustro de la Soledad.
Y es que el Claustro para una mente del Siglo XX tiene mucho más encanto del que tuvo para quienes lo vivieron en el siglo XVI, (para todos menos para Sor Juana) por ejemplo, hoy son fotografiados, recorridos, visitados y representan un edificios místicos dónde jovencitas se casaban con Dios.
En ese entonces era la clara señal de que eras una quedada y que a tus 20 no te habías casado, entonces tenías que vivir haciendo rompope todo el día y mientras le rezabas a Dios. En el mejor de los casos (como Sor Juana) te dedicabas a estudiar, leer, cultivarte y pasar a la historia por tus maravillosos sonetos.
No me malinterpreten, yo amo a la UNAM, creo que además del cliché de ser la Casa de Estudios más importante del país, realmente ser universitario te da un sentido de pertenencia que jamás podrá ser igualado, por ninguna institución privada o publica del país, (visión subjetiva por supuesto).
Pero es que con mis 3 clases (de no sé cuantas) en la Universidad del Claustro de Sor Juana, creo que no pude escoger mejor Universidad (salvo la UNAM) para tomar clases. Por que además de que no me veo pagando millones de dólares para cursar algo en la Ibero o el Tec, estas instituciones tienen una visión humanista y social corta, enfocándose a negocios (o sea, cómo hacer más y más y más dinero).
Y pues yo soy muy hippie para soportar eso, curiosamente el Claustro es muy humanista, la historia de su recinto el Ex Convento de San Jerónimo y cómo fue rescatado para hacer una universidad, le da un toque especial, haciendo que se note la preocupación por la historia y el arte.
Ahora que puedo pagar algunos pesos por estudiar un diplomado en El Claustro, se me vienen a la mente que, antes de estudiar en la UNAM, una de mis opciones era El Claustro, pero debido a mi pobreza extrema, pues no, ni soñar estudiar gestión cultural y esas cosas lindas del a vida. Nunca me afectó, en realidad. Pero es muy raro retomar esas casualidades de la vida.
Por eso la niña snob que llevo dentro se regocija por estudiar en una escuela privada, aunque sea un triste diplomado, y se regocija más porque es un diplomado de lo que en realidad le gusta y porque se lo está pagando ella sola. Ahhh tan Sorjuánico el asunto, un lugar donde vivió la primera gran musa mexicana, lleno de gatos que entran libremente a los salones y con una arquitectura ancestral que impacta a la vista.
Soy una ñoñaza, pero es tan parecido al amortz.
Dicen del ligotipo:
Y pues ya, estoy como en las nubes.
Y es que el Claustro para una mente del Siglo XX tiene mucho más encanto del que tuvo para quienes lo vivieron en el siglo XVI, (para todos menos para Sor Juana) por ejemplo, hoy son fotografiados, recorridos, visitados y representan un edificios místicos dónde jovencitas se casaban con Dios.
En ese entonces era la clara señal de que eras una quedada y que a tus 20 no te habías casado, entonces tenías que vivir haciendo rompope todo el día y mientras le rezabas a Dios. En el mejor de los casos (como Sor Juana) te dedicabas a estudiar, leer, cultivarte y pasar a la historia por tus maravillosos sonetos.
No me malinterpreten, yo amo a la UNAM, creo que además del cliché de ser la Casa de Estudios más importante del país, realmente ser universitario te da un sentido de pertenencia que jamás podrá ser igualado, por ninguna institución privada o publica del país, (visión subjetiva por supuesto).
Pero es que con mis 3 clases (de no sé cuantas) en la Universidad del Claustro de Sor Juana, creo que no pude escoger mejor Universidad (salvo la UNAM) para tomar clases. Por que además de que no me veo pagando millones de dólares para cursar algo en la Ibero o el Tec, estas instituciones tienen una visión humanista y social corta, enfocándose a negocios (o sea, cómo hacer más y más y más dinero).
Y pues yo soy muy hippie para soportar eso, curiosamente el Claustro es muy humanista, la historia de su recinto el Ex Convento de San Jerónimo y cómo fue rescatado para hacer una universidad, le da un toque especial, haciendo que se note la preocupación por la historia y el arte.
Ahora que puedo pagar algunos pesos por estudiar un diplomado en El Claustro, se me vienen a la mente que, antes de estudiar en la UNAM, una de mis opciones era El Claustro, pero debido a mi pobreza extrema, pues no, ni soñar estudiar gestión cultural y esas cosas lindas del a vida. Nunca me afectó, en realidad. Pero es muy raro retomar esas casualidades de la vida.
Por eso la niña snob que llevo dentro se regocija por estudiar en una escuela privada, aunque sea un triste diplomado, y se regocija más porque es un diplomado de lo que en realidad le gusta y porque se lo está pagando ella sola. Ahhh tan Sorjuánico el asunto, un lugar donde vivió la primera gran musa mexicana, lleno de gatos que entran libremente a los salones y con una arquitectura ancestral que impacta a la vista.
Soy una ñoñaza, pero es tan parecido al amortz.
Dicen del ligotipo:
"El tejido y la continuidad de los trazos del emblema son indicadores de la relación que debe haber entre la investigación, la enseñanza y la difusión de la cultura. Al no existir en la forma del mismo ni principio ni fin, queda expresado el anhelo de infinito, motor de la cultura occidental. En el símbolo de siete lados están contenidos además tres triángulos virtuales, expresión de los valores – verdad, bondad y belleza – a los que tiende el humanismo y cuyo logro en sus tareas, es propósito fundamental del Claustro de Sor Juana, A.C."
Y pues ya, estoy como en las nubes.
lunes, 28 de enero de 2013
Ser o no ser un decadentista.
Tener 17 años y amar la sangre, las navajas, el dolor. Escuchar Nightwish, Opeth o The sins of my beloved. Escribir poemas, historias y al rededor de 150 páginas de una novela de vampiros, ahora inconclusa, fue el preámbulo para que conociera a grandes escritores como Edgar Allan Poe, quien, remontándome a sus seguidores, me llevó al siglo XIX, y así conocer el gran movimiento francés afín al Romanticismo, (recordemos que el Romanticismo es Alemán) ese engendro monstruoso llamado: Decadentismo y a su heredero maldito: el Simbolismo.
Un siglo XIX en un París azotado por las guerras y la inconformidad que dio vida a numerosos artistas que plasmaban, sobretodo en su obra pictórica y literaria, las dolorosas miserias de una sociedad perdida, un monstruoso sentimiento de nostalgia y de pérdida, de dolor y de ira, de asco y repudio. Así conocí a los más grandes, a enormísimos escritores como Baudelaire, Wilde, Verlaine, Quiroga, Rimbaud y todo el clan de poetas malditos, herederos, predecesores, etc.
¡Qué nombre! Po-e-tas-mal-di-tos. Pareciera imposible mezclar la palabra poesía -que remite a la perfección de un ritmo con la belleza de las palabras-, y la palabra maldito, -un conjuro perverso, podrido denigrante e infecto. Obviamente me enamoré.
El domingo fui a ver una exposición de impresionistas, (medio contemporáneos a los simbolistas) y me trasladé unos 9 años atrás, a esa juventud intelectualmente intensa y desesperada por beber de la copa amarga de las coplas con aroma a opio de Baudelaire. Recordé y me autoanalicé, vi que este sentimiento que cargo de no pertenecer a esta sociedad hueca y asquerosamente superficial fue el mismo sentir que tuvo Toulouse Lautrec o Gauguin, este último tan perdido en una sociedad decadente que, si bien no adelantado a su época, tuvo la sensación y el valor de alejarse hacia un primitivismo social, viviendo con lo básico y pintando.. Y se fue a Haití.
Mi plan era irme a Querétaro, sin sobrepoblación, aburrido, pero con mayor calidad de vida, tranquilo y sobrio y yo me dedicaría a escribir todo el día. Me sentí una decadentista. Comprendí que ellos quisieran haber vivido otra época, quizá en la mía, y que hoy yo preferiría vivir en la de ellos, quizá sin saber que era igual o peor, y así alguien del futuro querrá haber vivido en la mía. Como trama de las novelas de Nabokov.
Y sólo me queda seguir soñando, como ellos, seguir escribiendo y pensar todo el día en cadáveres y muerte, en cinismo y tragedia. A ser feliz con la amargura del mundo. La amargura de nunca estar conforme, porque la conformidad es la peor manera de morir.
Un siglo XIX en un París azotado por las guerras y la inconformidad que dio vida a numerosos artistas que plasmaban, sobretodo en su obra pictórica y literaria, las dolorosas miserias de una sociedad perdida, un monstruoso sentimiento de nostalgia y de pérdida, de dolor y de ira, de asco y repudio. Así conocí a los más grandes, a enormísimos escritores como Baudelaire, Wilde, Verlaine, Quiroga, Rimbaud y todo el clan de poetas malditos, herederos, predecesores, etc.
¡Qué nombre! Po-e-tas-mal-di-tos. Pareciera imposible mezclar la palabra poesía -que remite a la perfección de un ritmo con la belleza de las palabras-, y la palabra maldito, -un conjuro perverso, podrido denigrante e infecto. Obviamente me enamoré.
El domingo fui a ver una exposición de impresionistas, (medio contemporáneos a los simbolistas) y me trasladé unos 9 años atrás, a esa juventud intelectualmente intensa y desesperada por beber de la copa amarga de las coplas con aroma a opio de Baudelaire. Recordé y me autoanalicé, vi que este sentimiento que cargo de no pertenecer a esta sociedad hueca y asquerosamente superficial fue el mismo sentir que tuvo Toulouse Lautrec o Gauguin, este último tan perdido en una sociedad decadente que, si bien no adelantado a su época, tuvo la sensación y el valor de alejarse hacia un primitivismo social, viviendo con lo básico y pintando.. Y se fue a Haití.
Mi plan era irme a Querétaro, sin sobrepoblación, aburrido, pero con mayor calidad de vida, tranquilo y sobrio y yo me dedicaría a escribir todo el día. Me sentí una decadentista. Comprendí que ellos quisieran haber vivido otra época, quizá en la mía, y que hoy yo preferiría vivir en la de ellos, quizá sin saber que era igual o peor, y así alguien del futuro querrá haber vivido en la mía. Como trama de las novelas de Nabokov.
Y sólo me queda seguir soñando, como ellos, seguir escribiendo y pensar todo el día en cadáveres y muerte, en cinismo y tragedia. A ser feliz con la amargura del mundo. La amargura de nunca estar conforme, porque la conformidad es la peor manera de morir.
viernes, 21 de diciembre de 2012
He ahí.
Nada se compara con la sensación de volver a empezar algo que salió mal, o algo, simplemente. Por eso la gente es tan feliz en sus cumpleaños, en año nuevo y en todo aquello que le de la posibilidad de comenzar algo nuevo, desde cero, construir sin errores y darlo todo.
No estoy exenta, me emocionan los nuevos comienzos porque es como darle vuelta a las páginas de la vida, comenzar nuevos ciclos, ver nuevas cosas, experimentar y aprender de todo lo nuevo que venga. Las cosas en constante movimiento son las que tienen vida, la muerte es estática.
Yo comienzo una y otra vez, he comenzado mucho, he dejado mucho a medias, pierdo el entusiasmo, no lo recupero, busco algo nuevo. Me frustro, me deprimo. Hay desesperanza, caos, confusión, muerte. Y renazco. Y comienzo una y otra vez.
Eso probablemente sea lo que nos entusiasma de la vida, por eso el miedo de muchos a conformarse y quedarse donde están, hacer sólo lo que hacen, volverse estáticos, volverse muertos.
Quizá algún día nos cansemos de movernos.
José Quintero. "Buba: He ahí...!!!" 1996. Por ahí anda el link para ver la tira completa. Vale la pena.
No estoy exenta, me emocionan los nuevos comienzos porque es como darle vuelta a las páginas de la vida, comenzar nuevos ciclos, ver nuevas cosas, experimentar y aprender de todo lo nuevo que venga. Las cosas en constante movimiento son las que tienen vida, la muerte es estática.
Yo comienzo una y otra vez, he comenzado mucho, he dejado mucho a medias, pierdo el entusiasmo, no lo recupero, busco algo nuevo. Me frustro, me deprimo. Hay desesperanza, caos, confusión, muerte. Y renazco. Y comienzo una y otra vez.
Eso probablemente sea lo que nos entusiasma de la vida, por eso el miedo de muchos a conformarse y quedarse donde están, hacer sólo lo que hacen, volverse estáticos, volverse muertos.
Quizá algún día nos cansemos de movernos.
martes, 20 de noviembre de 2012
LAB trece. El número de la suerte.
¡Tercera llamada! Todos los espectadores se miran entre sí
esperando que los actores entren a la habitación. No hay proscenio, ni
escenario, ni telón; los actores no entran desde el cuarto de junto, ni por la puerta. Algunos ya están entre el público.
Mendoza comienza. Los actores están al centro de la
habitación, altos y estoicos. La sensación al principio es intimidante, sin
embargo, y salvo contadas ocasiones, se respeta la cuarta pared; cosa que los
más tímidos agradecerán.
Mendoza es Macbeth en 1910; es Shakespeare, es Juan Rulfo,
es Mariano Azuela es el periódico de hoy. La adaptación de Juan Carrillo y Antonio Zúñiga es
impecable, no hay ningún momento en el que no estés viendo escenas la Revolución de forma contemporánea e isabelina a la vez. La
escenografía es mínima, la atmósfera está en los gestos y movimientos de los protagonistas, todos perfectamente cuidados con elementos precisos. Las actuaciones
son una danza equilibrada y potente que obedecen a una dirección prometedora.
En el aire de las diferentes escenas se transmite tensión, incertidumbre, alegría y temor. Al final cuando preguntan en una
encuesta escrita "¿Qué te hizo sentir la obra?", no puedes contestar más que:
Todo. Porque hay tantas emociones que no se podría sólo escoger una, porque es
imposible sentir nada.
Y este sentir mucho tiene que ver el concepto que tiene LAB trece, que es el concepto de un espacio íntimo, el cual te recordará a un
amigo de la infancia que te recibe en su casa con los brazos abiertos, con una
taza de café, agua, vino o tu bebida favorita y que platica contigo
mientras esperas. Ese es el encanto más grande de este nuevo recinto en Isabel la Católica: te hace
sentir especial.
Por si fuera poco, al final puedes brindar con los actores.
La cuarta pared desaparece para mostrarte (justo como el nombre de la compañía)
que son Seres Comunes, y ahí te encuentras de frente con Mendoza, con Montejo,
con Aguirre y hasta con Canosa, pero ya no como personajes, sino como
espíritus interpretativos que al final de cuentas son simplemente humanos. Humanos que desbordan talento.
Si vuelven a reestrenar, es una obra de teatro que vale cada centavo, los personajes no le temen a la violencia, a la traición, a la ira ni a la locura. En la Fan Page de LAB Trece y en su Twitter @LabTrece encontrarán más datos de su reestreno y de otras puestas en escena que seguramente no defraudarían ni al mismísimo Shakespeare.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


