Dicen que hay números místicos y que los astros favorecen a ciertas personas desde el día que nacieron, que hay luces brillantes augurando una vida llena de éxito, o bien desgracias para el nacido bajo sus influjos. Veamos:
Marco Aurelio: Respetado y querido emperador romano, filósofo estoico quien dijo: "Vivimos por un instante, sólo para caer en el completo olvido y el vacío infinito de tiempo de esta parte de nuestra existencia."
Juan II “El Bueno”: Rey de Francia. Como general era ávido de dinero y terco. Sin embargo era generoso con los suyos y dotado de un espíritu valiente en batalla, lo que le valió el sobrenombre de “El Bueno”.
Eugène de la Croix: El más emblemático pintor del Romanticismo y melómano apasionado. Una de sus más grandes, respetadas y conocidas obras por la fuerza y la temática manejada es: “La libertad guiando al pueblo".
Vicente Aleixandre: Escritor Español ganador del premio Nobel en 1977. De alma solitaria y contradictoria El poeta deseó un edén libre de sufrimiento y de muerte. Ansía una existencia pura y elemental.
Manuel Zorrilla de la Torre: Pintor, dibujante, grabador, litógrafo, muralista y escultor argentino desarrolló su interés por la naturaleza y la vida del hombre dentro del medio que lo rodeaba, traducidos en su obra con una versión llena de carácter.
William Shackespeare: Padre de la dramaturgia Inglesa, joya de la literatura universal. Su talento estribaba en su capacidad de hacer algo radicalmente nuevo con lo viejo, a lo que insuflaba nueva vida. Talentoso escritor, dramaturgo, actor, director y poeta. Su nombre y su obra ha trascendido por siglos.
Estos hombres por sí mismos son increíbles astros que han iluminado a los mortales con su personalidad y su talento. Todos ellos, tienen algo en común. Nacieron este mismo día en años distintos (26 de Abril –feliz cumpleaños a todos ellos), quizá sea sólo una coincidencia, pero cabe la posibilidad mucho más interesante, por cierto, de que sea un patrón.
Habrá personas por ahí, que seguramente se sintieron identificados con más de un país, de una característica, un pasatiempo, una profesión, un sentimiento o una palabra. Personas que quizá nacieron un 26 de abril. A todas ellas: Felicidades.
Y ustedes mis queridos y siempre bien parecidos lectores, ¿saben qué maravillosos personajes nacieron un día como en el que ustedes vieron la luz por primera vez?
Aquí una ayudadita.
domingo, 25 de abril de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
Seámos el mar que guía el mensaje.
Se va sin avisar, parece una sombra que recorre las calles de la ciudad dejando sorpresas a diestra y siniestra, unas no tan agradables como recordatorios de pago o recibos del banco y otras, las menos, postales de tierras lejanas, fotos envueltas en sobres y cartas de quienes se alejaron un día. Así es el cartero.
Hace escasos minutos, bajo mi puerta recogí un par de cartas, ambas con distinta carga emocional; una, sin importancia para este post: el recibo de teléfono. La otra una carta, con timbres postales, con sellos y por supuesto escrita a mano.
El remitente: Salvador Cruz García, la destinataria: Lidia del Carmen Cruz Alvarado. El primero vive en Texas, la segunda vive... en mi casa -de acuerdo a la dirección que puso-, pero no tengo parentesco con ella, no la conozco, no vive aquí, no tiene identidad. No es un error, todo coincide a la perfección con mi casa, mi calle, mi código postal, todo es estremecedoramente correcto.
Abrí la carta, al principio pensando que la causa estaba perdida. No podría hacer nada sólo guardarla en un cajón, pero al leer esas tres hojas, una dedicada a su sobrina y las otras dos a su hermana, entre faltas de ortografía, se podía leer amor. Y por esa razón decidí sellarla de nuevo y buscar a Lidia.
También hay folletitos, volantes y pensamientos cristianos, si Dios está implicado en esto, debe haber una razón más del porqué esta carta llegó a mis manos. Inmediatamente unas coincidencias saltaron a la vista, la vida que llevo actualmente se lee en ellas.
Ya busqué en la red, pero mis habilidades de stalker no son tan afortunadas con personas que no figuran en redes sociales o internet, o poéticamente hablando, con personas que no quieren ser encontradas.
Me preocupa que la carta finaliza con una promesa, una que implica mi dirección. Esta vez será prudente esperar, no mucho, porque el olvido está asechando. Tras una breve búsqueda la regresaré al remitente y a partir de ese punto el destino se hará cargo. Por lo pronto ayúdenme a ser el mar que lleva el mensaje del náufrago a la costa.
P.d.: No está demás, si alguien conoce a alguno de ellos, que pase la voz.
martes, 9 de marzo de 2010
Procrastinando, favor de no molestar.
Así es chicos, la postergación es una cosa muy practicada en el país y cada uno de nosotros lo hace, sin excepción, en mayor o menor medida, pero siempre tenemos un momento de "limbo" en el día, mes año o en la vida.
Hace menos de dos semanas renuncié a mi trabajo en la más grande agencia de medios del país, renuncié a un gran cliente y a la posibilidad de presumirle a mis compañeros de universidad que yo sí tenía trabajo y que era en una gran agencia, aquellas en las que soñamos cuando éramos verdes ramitas de 6to semestre.
Aunque, desde el momento en que salí de ese lugar sentí las alas de la libertad extenderse hacia el cielo, con el ímpetu de sortear las corrientes de aire más peligrosas (después de que estuvieron atadas durante casi un año). Fue un momento feliz, sin duda.
Ahora estoy en la búsqueda de un nuevo trabajo, no quiero desesperar, incluso estoy viendo la posibilidad de tomar algo de medio tiempo para hacer mi tesis por dos razones primordiales: una, porque soy ñoña y porque la situación de un exámen profesional y el dichoso papelito me encanta; dos, me encanta igual mi tema de tesis, el cual, a diferencia de muchos, es perecedero.
El problema que tengo ahora es la procrastinación, siento que estoy posponiendo. No sé qué están esperando mis geminianos internos. No sé si complacerlos o ponerlos en su lugar, no sé muchas cosas en este momento, pero procuro no preocuparme, porque las peores desiciones se toman bajo la premisa de la preocupación y pues no.
El gran problema es que se me acaban los ahorros, y así no podré sobrevivir mucho sin que preocupe a Madre y comience a presionar (más). Quizá aquel cielo al cual mis alas se extendieron el día de mi renuncia, las ha intimidado y se sienten inseguras y frágiles. Quizá no es problema de alas si no de la mente que las hace funcionar.
Así que, queridos lectores, es momento de lanzarse al vacío para emprender otro viaje, a un destino incierto, pero que quizá nos guste. Quizá.
Hace menos de dos semanas renuncié a mi trabajo en la más grande agencia de medios del país, renuncié a un gran cliente y a la posibilidad de presumirle a mis compañeros de universidad que yo sí tenía trabajo y que era en una gran agencia, aquellas en las que soñamos cuando éramos verdes ramitas de 6to semestre.
Aunque, desde el momento en que salí de ese lugar sentí las alas de la libertad extenderse hacia el cielo, con el ímpetu de sortear las corrientes de aire más peligrosas (después de que estuvieron atadas durante casi un año). Fue un momento feliz, sin duda.
Ahora estoy en la búsqueda de un nuevo trabajo, no quiero desesperar, incluso estoy viendo la posibilidad de tomar algo de medio tiempo para hacer mi tesis por dos razones primordiales: una, porque soy ñoña y porque la situación de un exámen profesional y el dichoso papelito me encanta; dos, me encanta igual mi tema de tesis, el cual, a diferencia de muchos, es perecedero.
El problema que tengo ahora es la procrastinación, siento que estoy posponiendo. No sé qué están esperando mis geminianos internos. No sé si complacerlos o ponerlos en su lugar, no sé muchas cosas en este momento, pero procuro no preocuparme, porque las peores desiciones se toman bajo la premisa de la preocupación y pues no.
El gran problema es que se me acaban los ahorros, y así no podré sobrevivir mucho sin que preocupe a Madre y comience a presionar (más). Quizá aquel cielo al cual mis alas se extendieron el día de mi renuncia, las ha intimidado y se sienten inseguras y frágiles. Quizá no es problema de alas si no de la mente que las hace funcionar.
Así que, queridos lectores, es momento de lanzarse al vacío para emprender otro viaje, a un destino incierto, pero que quizá nos guste. Quizá.
lunes, 8 de febrero de 2010
¡Antigripales a mi!
Los virus, tan necesarios como cualquier otro engendro maligno supranatural y con poderes biónicos afiliado con el mal. Claro, porque los seres humanos no tenemos un némesis natural como superman tiene a Lex Luthor, no, señoras y señores, niños y niñas (los cuales deberían estar leyendo sus libros de texto gratuitos y no mi blog… aunque en mi blog probablemente aprenderían más cosas… pero ese no es el punto, cerremos este paréntesis ya mismo) los humanos no tenemos depredadores que controlen nuestra explosión demográfica, es por ello que los virus (y demás organismos patógenos) son lo que vendría siendo el león a la zebra del Kilimanjaro.
Y adivinen qué, la pequeña Ashanty está, justo en este momento, librando una batalla a muerte con dichos virus, los leucocitos a.k.a glóbulos blancos se enfrentan con furia a los antígenos y su ejército del mal. Lo que da como resultado una chica adormilada, más dispersa de lo que acostumbra, agotada y débil. Por suerte la enfermedad no parece ser muy grave. Pero a lo que vengo es a decir que los virus, esos microorganismos que tanto tememos, son o deberían ser considerados nuestros “depredadores” naturales. Hemos resuelto un eslabón más de la cadena alimenticia. Algunos odiamos más unas enfermedades “comunes” que otras, por ejemplo yo puedo vivir resfriada, pero jamás con inflamación de garganta.
Así que mis queridos lectores, ustedes que comieron todos sus vegetales cuando eran niños y desarrollaron un sistema inmunológico de gente decente. ¿Cuál es la horrenda enfermedad común que odian tener?
Les dejo una foto de tan terrorífico microorganismo... véan su odio contra la humanidad en ese rosa-morado intenso... ¡AHHHHH!
Y adivinen qué, la pequeña Ashanty está, justo en este momento, librando una batalla a muerte con dichos virus, los leucocitos a.k.a glóbulos blancos se enfrentan con furia a los antígenos y su ejército del mal. Lo que da como resultado una chica adormilada, más dispersa de lo que acostumbra, agotada y débil. Por suerte la enfermedad no parece ser muy grave. Pero a lo que vengo es a decir que los virus, esos microorganismos que tanto tememos, son o deberían ser considerados nuestros “depredadores” naturales. Hemos resuelto un eslabón más de la cadena alimenticia. Algunos odiamos más unas enfermedades “comunes” que otras, por ejemplo yo puedo vivir resfriada, pero jamás con inflamación de garganta.
Así que mis queridos lectores, ustedes que comieron todos sus vegetales cuando eran niños y desarrollaron un sistema inmunológico de gente decente. ¿Cuál es la horrenda enfermedad común que odian tener?
viernes, 15 de enero de 2010
Ocaso: la muerte del Sol. (Warning: post semi-reflexivo)
Entre una de mis obsesiones siempre ha estado la muerte, no el hecho de reproducirla, más bien el cómo las culturas la miran, sus representaciones, sus símbolos y manifestaciones, los caminos que llevan a ella y las veredas que de ella se desprenden.
El otro día vi por casualidad en Facebook el perfil de una persona que había muerto, un familiar de alguien cercano. La foto que tiene en el perfil es estremecedora, lo es más al pensar si él la puso, o la pusieron después, pero es un atardecer y el está mirándolo de perfil, su cuerpo luce como sombra, es una foto a contraluz. Un ocaso: el sol que se va, el sol que muere. Muy simbólico.
Fue algo muy impresionante, porque sus seres queridos aún le escriben cosas, aún lo recuerdan y se lo hacen notar; le dedican canciones, le dicen “te quiero”, le dan gracias por aparecerse en sueños, por escucharlos, por acompañarlos y por cuidarlos.
Y todo esto me hizo pensar mucho, me puso nostálgica también, en este caso una red social pone en evidencia la frecuencia con la que aún después de partir eres recordado. Las emociones y sentimientos de la gente, la apropiación de los medios y la cultura. Pero quizá sólo es para el consuelo de los que se quedan…, ¿o no?
El incansable misterio de la vida después de la muerte, y aunque me encantaría que alguien lo resolviera para tener una certeza, al tener esa certeza la vida misma perdería sentido. Es mejor que sigamos caminando con los ojos abiertos, disfrutando lo más que podamos el paisaje porque cuando lleguemos a la punta del abismo nos vendarán los ojos, y sin saber qué nos espera, nos dejarán caer.

¿Ustedes qué creen que haya al final del abismo, nada, otra vida, otros mundos?
El otro día vi por casualidad en Facebook el perfil de una persona que había muerto, un familiar de alguien cercano. La foto que tiene en el perfil es estremecedora, lo es más al pensar si él la puso, o la pusieron después, pero es un atardecer y el está mirándolo de perfil, su cuerpo luce como sombra, es una foto a contraluz. Un ocaso: el sol que se va, el sol que muere. Muy simbólico.
Fue algo muy impresionante, porque sus seres queridos aún le escriben cosas, aún lo recuerdan y se lo hacen notar; le dedican canciones, le dicen “te quiero”, le dan gracias por aparecerse en sueños, por escucharlos, por acompañarlos y por cuidarlos.
Y todo esto me hizo pensar mucho, me puso nostálgica también, en este caso una red social pone en evidencia la frecuencia con la que aún después de partir eres recordado. Las emociones y sentimientos de la gente, la apropiación de los medios y la cultura. Pero quizá sólo es para el consuelo de los que se quedan…, ¿o no?
El incansable misterio de la vida después de la muerte, y aunque me encantaría que alguien lo resolviera para tener una certeza, al tener esa certeza la vida misma perdería sentido. Es mejor que sigamos caminando con los ojos abiertos, disfrutando lo más que podamos el paisaje porque cuando lleguemos a la punta del abismo nos vendarán los ojos, y sin saber qué nos espera, nos dejarán caer.
¿Ustedes qué creen que haya al final del abismo, nada, otra vida, otros mundos?
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